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lunes, 6 de julio de 2009

Domingo en familia

Hacía mucho tiempo que no salíamos un día a comer a un restaurante. Ayer fue un día especial y salimos los tres juntos a comer fuera. Mi peque no había comido nunca en un restaurante. Habíamos estado alguna vez pero él todavía no comía comida de mayores, por lo que sólo había mirado comer a los demás.

Estuvimos en un restaurante pizzería y dudábamos entre pedirle un menú infantil, que constaba de un plato, postre y bebida, o darle algo de nuestros platos. Finalmente nos decidimos por un menú para él. Para un día que salimos, no vamos a ser tacaños.

Había varios platos para elegir y entre ellos había espaguetis. Como sabemos que le gustan mucho, le pedimos eso. Le trajeron un gran plato hondo repleto de espaguetis. En cuanto vio venir el plato empezó a decir: “ñamnga, ñamnga, ñammm, ñamnga, ñamnga, ñammm” o algo así. Lleva dos días diciendo eso cuando quiere comer.

Tenía tanta hambre que, si parabas de darle para cortar más espaguetis con el cuchillo para que pudiera comérselos, se ponía a llorar. Suerte que su plato llegó un poco antes que los nuestros porque si no hubiera sido imposible comer porque si parabas de darle lloraba y lloraba.

Cuando llegaron nuestros platos y se enfriaron como para poder comerlos, él ya estaba más satisfecho y ya no lloraba si parabas, sólo decía: “ñamnga, ñamnga, ñammm, ñamnga, ñamnga, ñammm”

Comimos todos muy bien, en especial él que no dejó ni un espagueti en el plato. Bueno, a decir verdad quedaba uno pegado al plato y lo estuvo intentando pillar con la mano para comérselo también.

Nosotros de segundo plato pedimos pizza y aún comió dos trocitos del plato de mi marido. Era la primera vez que la probaba y le gustó bastante.

De postre comió yogur y un poco de helado que le pedía a su padre. Después de su yogur empezó a decir: “ñamnga, ñamnga, ñammm, ñamnga, ñamnga, ñammm” y por eso hubo que darle un poco de helado. Ponía caras raras porque estaba frío, pero pedía más todo el rato. Le dimos muy poco, es muy pequeño aún para hartarse de helado.

Hasta los del restaurante se quedaron pasmados de ver cómo comía. El camarero nos dijo que venían muchos niños y ni comían ni dejaban comer a sus padres. Nuestro peque se había portado genial.

Después de comer fuimos a los cochecitos que hay en el centro comercial, y se subió en todos los coches y motos. En especial le gustan las motos. Como no echamos dinero porque el presupuesto no está para gastar un euro por un cochecito que se mueve un poco y enciende las luces, se sube en todos los que quiere. Él se lo pasa bien igual.

Lo pasamos en grande. Lo cierto es que no sé quién disfrutó más, el niño o nosotros de verlo disfrutar a él.

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