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jueves, 29 de octubre de 2009

La odisea de llegar al trabajo por la mañana

Sin ir más lejos, ayer comentaba con unas compañeras la aventura que es para ellas venir al trabajo en metro. Mientras ellas lo comentaban entre risas contando historias de lo que se encuentran cada mañana y cada tarde, yo pensaba que mis viajes de ida y vuelta son rutinarios, el autobús, misma gente, misma hora, todo igual cada día sin sobresaltos.

Si antes lo pienso, antes pasa algo. Hoy ha sido toda una aventura casi imposible llegar a mi destino. Un trayecto que hago que dura unos pocos minutos y que entre tiempo de espera y demás suele llevarme al trabajo en menos de media hora, hoy se ha convertido en una hora y cuarto.

He llegado a la parada y había un cartel fatídico “huelga de autobuses”. Genial para empezar el día. Servicios mínimos al 50%.

Tras más de media hora esperando ha aparecido un autobús, que era de los que no hacían huelga (porque no todos estaban afectados por la huelga al parecer). A pesar de que no hacía huelga, llegaba con mucho retraso y el anterior a este no había pasado, así que más o menos era como los que hacen huelga hoy.

Con tan mala suerte que un minuto antes de que llegara el bus a la parada habían metido por la calle, que es de un solo sentido y carril único, una pedazo de grúa enorme y marcha atrás para entrarla vete a saber en qué obra.

Hemos ido muy despacio durante unos segundos y entonces nos hemos parado. Tenían que meter la grúa por una bocacalle y para poder maniobrar han parado el tráfico. Ha sido alrededor de un cuarto de hora lo que le ha costado. Toda la calle atascada y nosotros en el autobús. Ni siquiera estábamos en la parada siguiente a la que yo me subo.

Ha abierto puertas por si alguien quería bajar. A mí de nada me servía. ¡Acababa de subirme! Pero se ha bajado medio autobús.
Eso ha sido infalible. Nada más bajarse la gente, el autobús ha arrancado porque la grúa ya se había apartado.

Entonces ya hemos respirado aliviados pensando que por fin íbamos a llegar a trabajar, pero tras varias paradas, antes de llegar a la anterior a mi destino, vemos un montón de luces, bomberos, policía, un accidente.

Nos han desviado por una calle porque había habido un accidente y la calle estaba cortada. Al menos aquí había desvío posible, no como donde la grúa que ahí no había alternativa. Por cierto, que el accidente tenía muy mala pinta. He visto un coche que estaba bastante destrozado.

Mientras seguíamos por la calle paralela a la habitual del trayecto, nos hemos encontrado con una señal de dirección prohibida. Sólo se podía ir por la calle que quedaba a la izquierda. Calle estrecha y el bus no podía girar. No nos daba de sí el espacio. ¡Otra vez parados!

Menos mal que la gente a veces es muy colaboradora y tiene buenas ideas. Se han bajado dos chicos, uno ha ido atrás a pedirles a los coches de detrás que dejaran de adelantar al autobús por un lateral para que pudiéramos arrancar y el otro ha ido adelante a cortar el tráfico de la calle de enfrente para que pudiéramos seguir recto y contra dirección a girar en la siguiente calle que era más ancha.

Ha sido una coordinación total y en pocos segundos habíamos salido de nuevo a la ruta habitual y por fin estábamos en mi parada.

Ya veis, menos mal que no me quejé de no tener aventuras viniendo al trabajo, que sólo lo pensé, que si me llego a quejar…

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